Lavavajillas vacío y abierto

Cómo limpiar el lavavajillas por dentro y su filtro para que los platos salgan relucientes

¿Cuánto hace que no miras el fondo del lavavajillas? Si hay que pensarlo más tiempo de la cuenta, mala señal; toca remangarse. Esos vasos con cal, los cubiertos con grasa incrustada o el olor a cerrado al abrir la puerta no son por culpa de las pastillas ni aparecen porque el aparato esté inservible. El culpable casi siempre es el mismo: el filtro y/o esos rincones donde la suciedad y la cal se van acumulando mes a mes. Y ojo, que no vale con meter el filtro bajo el grifo dos segundos y pasar página; hay que pegarle un buen repaso.

Y es que no se puede dar por perdido un electrodoméstico cuando, en realidad, con algo de paciencia y un par de ideas lógicas puede volver a rendir al 100%. Al final lo que funciona es lo de siempre: un buen cepillo, vinagre blanco, un rato libre y no tener miedo a mancharse las manos. También conviene revisar esos errores típicos que se suelen cometer por ir con prisas y que solo sirven para estropear nuestro lavavajillas.

Vamos a ser realistas: limpiar a fondo tan solo una vez al año no salva el aparato si luego pasa meses y meses acumulando suciedad. La clave está en no dejar que la suciedad se acumule: una revisión rápida cada cierto tiempo ayuda a mantener el rendimiento del lavavajillas y a detectar fallos antes de que se conviertan en averías. Si dejas pasar el tiempo, la acumulación de cal puede afectar al rendimiento y acelerar el desgaste de algunos componentes; en cambio, con un repaso rápido cada pocos días la máquina ni se entera. Lo más importante es consultar el manual de tu modelo antes de desmontar nada, ya que la ubicación y el sistema de fijación del filtro pueden variar ligeramente.

El filtro: el gran olvidado de la limpieza del hogar

Detalle del interior de un lavavajillas

Esta pieza es la que se encarga de frenar los restos de comida grandes, partículas sólidas y la grasa que se desprende en cada lavado. Si se tapona el filtro, el agua no circula como debería circular, el lavado pierde fuerza y terminan apareciendo los temidos malos olores. Cuando notes que el lavavajillas ya no limpia igual, el filtro es uno de los primeros puntos que conviene revisar.

Por suerte, no es un componente delicado ni vas a necesitar herramientas complejas. La mayoría de los fabricantes montan un filtro cilíndrico con una malla fina, a veces acompañado de una placa plana de metal, que se desmonta en unos segundos con un simple giro de muñeca. Está situado abajo del todo, justo debajo de la hélice inferior. Si te cuesta encontrarlo, echa un vistazo al manual de tu modelo (si lo conservas, si no, busca en la red), aunque rara vez cambia de sitio.

¿Cada cuánto hay que revisarlo? Depende de la tralla que le des a la máquina, pero una buena regla general es que si la usas a diario, te organices para limpiar el filtro del lavavajillas una vez por semana. Si en casa sois menos y lo pones de forma moderada, con cada quince días bastará. En cualquier caso, hay señales que indican que conviene revisarlo: malos olores, restos en la vajilla o problemas de desagüe.

Cómo retirar y limpiar el filtro explicado paso a paso

Antes de meterle mano al filtro, toca asegurarse de que el lavavajillas esté a punto. Repasemos qué hacer al respecto:

1. Preparar el terreno: Lo primero es la seguridad y la comodidad. Obviamente, debes desconectar el aparato de la corriente y asegurarte de que no acaba de terminar un lavado; no querrás quemarte con el agua caliente acumulada. Después, saca del todo la cesta de abajo para trabajar con espacio en el fondo de la cuba. Intenta que nada te estorbe y mantener todo despejado.

2. Sacar y desmontar la pieza: El filtro suele ser ese cilindro de plástico que ves abajo, aunque depende del modelo en cuestión. Para sacarlo, lo normal es darle un cuarto de vuelta hacia la izquierda (en sentido contrario a las agujas del reloj) y tirar hacia arriba con suavidad. Si ves que lleva una placa metálica unida, no te preocupes, sale todo junto. Una vez fuera, separa las dos o tres piezas que lo forman. Si notas que están pegadas por la grasa y no ceden, mételas un momento en agua templada antes de forzar el plástico, no vayas a romper alguna pestaña.

3. El lavado (sin herramientas raras): Pon las piezas bajo el grifo y dales con agua caliente. Olvídate de palillos, agujas o cosas punzantes para quitar la porquería de las rejillas, porque vas a romper la malla fina y arruinarás el filtro. Lo que mejor funciona al limpiar el filtro del lavavajillas es un cepillo de dientes viejo que ya no uses o un estropajo suave con un poco de lavavajillas a mano de toda la vida. Frota bien hasta que no quede ni rastro de grasa.

4. El hueco interior y el montaje. Antes de volver a colocar nada, pasa una esponja húmeda por el hueco que ha quedado vacío en el fondo de la máquina. Ahí abajo se suele quedar una película de grasa invisible que conviene retirar. Por último, vuelve a encajar las piezas del filtro y colócalo en su sitio girando ahora hacia la derecha. Asegúrate de que hace el «clic», que esté bien sujeto o notes que se bloquea; si lo dejas suelto, flotará durante el lavado y la porquería irá directa al motor. Ojo con eso.

La importancia de limpiar todo el interior

Lavavajillas vacío visto de cerca

Dejar el filtro impecable es importantísimo, pero la limpieza no termina ahí. Piensa que la cal se va metiendo en las hélices, la grasa busca los recovecos de las juntas de la puerta y el propio detergente va dejando su rastro en las paredes. Si de verdad quieres notar la diferencia al sacar los platos, hay que ir un paso más allá del filtro y mirar el conjunto del lavavajillas.

Esas indeseables manchas blancas que a veces quedan en los vasos, por ejemplo, no son suciedad: son efecto de los depósitos de cal. Cuando esto ocurre, se vuelve imprescindible descalcificar el lavavajillas para proteger los conductos internos. La grasa también se va pegando a las superficies interiores de forma casi invisible, creando una capa que frena el rendimiento de la máquina. Por eso hay que tener perspectiva de conjunto.

El método clásico de la limpieza con vinagre

El vinagre blanco es un remedio casero muy utilizado para ayudar a eliminar algunos restos de cal, aunque conviene consultar las recomendaciones del fabricante antes de usarlo de forma habitual. Lo bueno que tiene es que su acidez se carga con eficacia la cal y la grasa acumuladas sin tener que meter productos químicos raros en el aparato. El método es facilísimo, toma nota de estos pasos:

Volvamos al primer consejo de siempre; asegúrate de que el lavavajillas esté totalmente vacío. Luego, coge un vaso o un tazón grande (con unos 250 ml basta), llénalo de vinagre blanco y colócalo de pie en la cesta de arriba para que no se caiga. Lo siguiente es programar el ciclo más largo y con la temperatura más alta que tenga tu modelo, es decir, el típico programa intensivo.

Un truco de experto: si puedes pausar el lavado a la mitad, hazlo y deja que el vinagre actúe una media hora antes de volver a arrancar. Cuando termine, el interior va a tener mejor aspecto y los malos olores del lavavajillas habrán desaparecido.

Si prefieres otra opción, el bicarbonato de sodio va genial porque es un pelín abrasivo y neutraliza el mal olor de golpe. Solo tienes que espolvorear un par de cucharadas por el suelo del lavavajillas y arrancar un ciclo corto con agua caliente. Eso sí, no mezcles los dos trucos en el mismo lavado; si juntas el vinagre y el bicarbonato a la vez, reaccionarán haciendo espuma y se anularán entre ellos, por lo que no limpiarán nada y encima pueden dejar residuos pastosos.

Cuándo usar un producto de limpieza específico

Primer plano de un lavavajillas

Hablemos de los productos específicos. Porque hay dos posturas enfrentadas: los que dicen que no hacen falta para nada, y los que se gastan veinte o treinta euros al mes en limpiadores especiales. Lo recomendable, seguramente, resida en el término medio.

Los limpiadores comerciales tienen su momento. Si vives en una zona con agua muy dura y el vinagre ya no hace suficiente mella, una pastilla efervescente de estas cada tres o cuatro meses puede ser un buen remedio. Ojo, no más, y menos de seguido. El exceso de producto químico tampoco es bueno para las gomas ni para los sellos internos. Lo que sí tienen estos productos es una ventaja clara: llevan desengrasantes más potentes que el vinagre, y llegan a sitios donde el ácido acético no termina de hacer efecto.

Y aquí viene el matiz importante. Esos limpiadores actúan sobre las tuberías y las paredes internas, disuelven la grasa que no se ve, pero, en muchas ocasiones, no quitan los restos sólidos del filtro. Son complementarios, no sustitutivos. El filtro se limpia con agua, con un cepillo y con un poco de paciencia. El producto químico no va a hacer ese trabajo por ti. Si lo usas sin haber limpiado antes el filtro, lo único que consigues es mover los residuos de un lado a otro y, a veces, hasta atascar más la salida del agua. Así que, si vas a usarlos, que sea después de haber pasado el cepillo, no antes.

La frecuencia de la limpieza y cómo hacerla sostenible

Hombre sacando la cesta del lavavajillas

Vamos a ser prácticos: pegarle un repaso al lavavajillas no tiene por qué convertirse en el drama del fin de semana. No hace falta que te obsesiones a diario, pero si quieres ahorrarte disgustos, lo ideal es marcarse un pequeño calendario mental y repartir el trabajo según el trote que le hayas dado al aparato.

  • El filtro, a raya: Esto es innegociable. Si pones la máquina todos los días, saca el filtro cada una o dos semanas. Son cinco minutos de reloj y te ahorrarás el 90% de los problemas.
  • Las hélices y las gomas, una vez al mes: Aprovecha un día cualquiera para echarle un ojo a los brazos de aspersión; si ves algún agujero taponado por un grano de arroz o cal, desmóntalos y límpialos. De paso, pásale un paño húmedo a las juntas de la puerta, que es donde se acumula esa grasa ennegrecida tan molesta.
  • El uso del vinagre, cada mes o dos meses: No esperes a que huela a cerrado o a que los vasos salgan blanquecinos, programa un lavado largo en vacío con vinagre o un limpialavavajillas decente cada ocho semanas para mantener las tuberías limpias de cal.
  • La bandeja de los cubiertos, cuando toque: A esta no hace falta tenerle tanto control; simplemente sácala del todo cada par de meses o cuando veas que el fondo empieza a perder el brillo.

Errores comunes al limpiar el lavavajillas

Persona frotando platos sucios

A veces, por querer dejar el lavavajillas impecable, terminamos metiendo la pata de la forma más absurda. El primer error, y el más común, es ir a ciegas sin mirar el manual de instrucciones. Cada marca es un mundo, y hay filtros que si los giras hacia el lado equivocado te los cargas en apenas un segundo, por no hablar de los modelos que no admiten ciertos productos químicos.

Tampoco se te ocurra meter jamás lejía o amoniaco dentro de la cuba. Estos químicos son enemigos declarados del acero inoxidable; pueden deteriorar el acero inoxidable y las juntas si se usan de forma inadecuada.

Además, olvídate de esa idea de que echar más cantidad de limpiador desinfecta mejor. Lo único que vas a conseguir con el exceso de jabón es una montaña de espuma que atascará el sistema y provocará fugas de agua por el suelo de la cocina.

Por último, si después de matarte a limpiar el interior notas que la máquina sigue sin vaciar bien, deja de mirar el filtro. Seguramente el drama esté oculto detrás del aparato, en el tubo de desagüe. Toca revisar esa zona para comprobar que la manguera de salida no se haya doblado por accidente o esté taponada por algún resto rebelde que haya burlado las barreras.

Más allá de la limpieza: hábitos que prolongan la vida del lavavajillas

Cubiertos de acero inoxidable en el lavavajillas

A veces nos pasamos de limpios y cometemos el error de meter los platos al lavavajillas prácticamente fregados. Parece una buena idea para no saturarlo, pero es contraproducente. Los detergentes de hoy en día llevan unas enzimas que necesitan encontrar grasa y porquería para activarse y ponerse a trabajar. No es necesario aclarar completamente los platos antes de meterlos en el lavavajillas. Los detergentes actuales están diseñados para trabajar con restos de suciedad, aunque conviene retirar previamente los residuos grandes.

Otro gesto que casi todo el mundo hace y que estropea el aparato en silencio es cerrar la puerta a cal y canto nada más sacar los platos. Cuando termina el ciclo, el interior se convierte en una auténtica sauna y esa humedad extrema no tiene por dónde salir. Si se queda ahí encerrada, con el tiempo va cuarteando las gomas de los bordes y puede dar problemas en la placa electrónica de los botones por culpa de la condensación. Lo mejor es dejar la puerta un pelín entornada, solo un par de dedos, durante una hora después de cada lavado para que respire y los materiales se enfríen poco a poco.

Por último, hay un truco muy tonto pero que le quita muchísimo esfuerzo al motor y a la resistencia. La mayoría de estos electrodomésticos empiezan el lavado cogiendo el agua fría que ha quedado estancada en las tuberías de la cocina. Si justo antes de darle al botón de encendido abres el grifo del fregadero unos segundos hasta que salga caliente, conseguirás que el lavavajillas empiece a trabajar con la temperatura ideal desde el primer segundo.

Cuándo una limpieza profesional es la mejor opción

Profesionales de limpieza con uniforme trabajando

Hay veces en que, por mucho que se limpie el filtro y se hagan ciclos con vinagre, el lavavajillas sigue sin rendir bien. El agua no calienta como debería, los platos salen con restos o el aparato hace ruidos extraños. En esos casos, la limpieza casera ya no es suficiente.

Cuando la avería se esconde en las tripas del aparato (ya sea en la resistencia, la bomba de circulación, el termostato o los sensores), la esponja y el vinagre ya no sirven de nada. Son piezas que quedan fuera del alcance de una limpieza doméstica habitual y requieren una revisión más específica. Además, ponerse a desmontar piezas sin tener mucha idea es jugar con fuego: te arriesgas a cargarte el aparato del todo o, peor aún, a llevarte un buen calambre.

Por eso, llamar al servicio técnico es la mejor jugada en situaciones muy claras. Por ejemplo, si tu lavavajillas ya ha pasado la barrera de los cinco años y jamás ha recibido una revisión a fondo, o si te topas con marrones más serios como charcos de agua en el suelo y atascos en el desagüe. También toca pedir ayuda cuando la cal se ha incrustado tanto en las paredes que ningún producto del supermercado consigue ablandarla. La decisión dependerá de comparar el coste de la reparación con el precio de sustituir el aparato. Si la reparación compensa, todavía puede tener sentido alargar unos años su vida útil.

Preguntas frecuentes sobre la limpieza del lavavajillas

Cocina con lavavajillas

¿Cada cuánto tiempo es recomendable limpiar el filtro del lavavajillas?

Depende mucho de cuánta tralla le des a la máquina en casa. Si sois un montón y el lavavajillas se pone todos los días, lo suyo es sacarlo una vez por semana para quitar la grasa. Si vives solo o lo pones de higos a brevas, con darle un repaso cada quince días vas sobrado. De todas formas, el propio aparato te avisa: si abres la puerta y huele raro, o si los vasos empiezan a salir con arenilla o marcas, no le des más vueltas, el filtro te está pidiendo un lavado a gritos.

¿El vinagre puede llegar a romper el lavavajillas?

Si lo usas con cabeza, no tiene por qué pasar nada de nada. El peligro viene cuando la gente se vuelve loca y echa un litro de vinagre directamente al fondo del aparato lavado tras lavado. El ácido acético es genial para la cal, pero si toca las gomas de la puerta de forma continua las termina resecando y cuarteando. El truco está en poner solo un vaso normal boca arriba en la bandeja de arriba; así se va dosificando con el agua y limpia sin romper nada.

¿Por qué los platos salen a veces con manchas blancas?

Casi siempre el culpable es el mismo: la cal del agua de tu zona. Si de golpe los vasos te salen blanquecinos o como empañados, lo primero que tienes que hacer es mirar si te has despistado y el aparato se ha quedado sin sal o sin abrillantador. Rellena los depósitos, ponlo a funcionar y mira si mejora. Si la cosa sigue igual, entonces es que la cal ya se ha agarrado a las tuberías internas y te va a tocar hacerle una buena limpieza a fondo al aparato en vacío.

¿Por qué a veces el lavavajillas se queda atascado en el último minuto y parece no terminar nunca?

Es una pesadilla común: miras la pantalla, queda un minuto, te vas a hacer cosas y media hora después sigue igual. La mayoría de las veces pasa porque el sensor de turbidez (el ojo que mide si el agua sigue sucia) está lleno de grasa o cal y apenas ve, o porque el agua no alcanza la temperatura que debería por culpa de la resistencia. Si te pasa, antes de llamar al técnico, dale un buen lavado en vacío a máxima temperatura con un desengrasante potente para limpiar esos sensores ocultos.

María García López
Maria Lopez

María García López es una profesional de la limpieza con más de 25 años de experiencia en el sector. Ha trabajado como camarera de pisos en hoteles de 5 estrellas y en empresas de limpieza VIP, donde la excelencia y la atención al detalle son fundamentales. María se destaca por su precisión, discreción y profundo conocimiento de técnicas y productos de limpieza. Actualmente, también comparte su experiencia a través de su blog, donde ofrece consejos prácticos y recomendaciones expertas para mantener el hogar limpio, ordenado y en perfectas condiciones.

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